martes, 9 de agosto de 2011

(stop whispering)

O tal vez podría reír en la soledad. Revolcarme en ella. Correr.
La soledad no tiene límites. Es infinita. Absoluta.
Me mancharé alegremente de tristeza. Hasta que no quede nada de mí.
El olvido me cubrirá luego. Con gusto lo dejaré enterrarme.
Y cuando mi recuerdo vago te llame, no me encontrarás a la vuelta de la esquina.
Ni al otro lado del mundo.
Habré dejado de buscarte hace rato.

lunes, 11 de julio de 2011

Las letras de tu nombre se desvanecieron
Como un libro expuesto a los rugidos del océano
Ya no hay mañana (si es que hubo un hoy)
Ya no hay palabras sueltas en este viento invernal
El cielo se petrificó (y con él, tus ojos)
Ayer pude ver a mis pies alejándose de tu ser
Y tu ser era sólo una sombra
Y esa sombra no era más que una ilusión
Una ilusión de lo que creí que eras
Y lo que creía que podías formar pegado a mí.
Me fui. Me fui antes de que tus brazos rodearan mi cadera
Antes de que tus ojos fueran los míos
Antes de que tu calor fuera mi única fuente de vida.
Y atrás mio no dejé más
Que una sonrisa y mil anhelos.

lunes, 4 de julio de 2011

Desciendo. Valles de frío. Olas de oscuridad.
Arriba, alas de culpa. Pavimento de amnesia bajo mis pies.
Camino. Sombras de soledad. Y una huella de nostalgia.
Cierro los ojos. Mantos de desesperación. Impotencia acolchonada.
Despierto. Cantares abrumadores. Rayos de ansiedad.
Mis pupilas desaparecen. Gotas de anhelo. Cuentos de una mentira.

jueves, 9 de junio de 2011

Sail to the moon

Como una película absurda. Diálogos inconexos, pronunciados con voces desganadas. Mirando fijo a la nada, con los ojos entrecerrados. Casi como autómatas. Quietos cual muñecos, sin corazón.
La falta de comunicación. Esa horrible sensación.
Quiero decirte tantas cosas. Pero cuando te miro a los ojos todo desaparece. Quiero que un día ambos digamos lo que realmente pensamos. Y que mágicamente sea lo mismo. Que nuestros pensamientos se liberen al unísono, encontrando la felicidad a mitad de camino.
Que el silencio sea un regalo. Dulce y calmo. Que nuestros corazones palpiten, y que ese sea el único diálogo que necesitemos.
Que el atardecer cubra nuestros iris, y que una risa tímida salga de tus labios. Que las palabras digan nada, y a la vez todo.
Quiero estar segura de tu ser. Quiero saber todo. Quiero que sepas todo de mí. Quiero que no haya un espacio vacío para dudas. Que haya tanta confianza que la incomodidad se espante y desaparezca de nuestras vidas.
La utopía, la perfección. La paz en mi corazón.

viernes, 20 de mayo de 2011

necesito tu calor

Agotada salió de las profundidades de un bosque desconocido. Miró hacia adelante: un ancho y luminoso camino se presentaba ante sus ojos, invitándola a adentrarse en él, prometiendo felicidad y pocos problemas. Conocía ese camino, pero nunca se había animado a cruzarlo. "Demasiado bueno, algo debe esconder", pensaba siempre. Pero esta vez, sin dudarlo, su cansancio decidió por ella. Pisó el camino. Sintió un alivio enorme. Miró hacia adelante: llano y liso, tranquilo y soleado, sin un atisbo de algún obstáculo futuro. "Perfecto. Hermoso. Tranquilo", pensó ella.
Caminó unos minutos, unas horas, unos días. Nada pasó. El camino prometía algo bellísimo del otro lado, y cuanto más tiempo pasaba recorriéndolo, menos podía esperar para terminarlo.
Comenzó a correr, desesperada por una muestra, una pequeña ración de lo que recibiría después del forzoso recorrido, que, por más tranquilo que fuese, la agotaba. La soledad la agotaba. La tranquilidad daba vuelta su mente.
Corrió y corrió, más nada cambió. La misma tranquilidad de siempre. El sol empezaba a encandilar sus ojos. Estaba harta ¿de que servía una promesa de algo tan maravilloso si debía esperar tanto para conseguirlo? La impotencia la vencía. La agotaba. Perdía fuerzas con sólo pensar en lo cerca, y lo lejos que estaba al mismo tiempo.
Harta, dejó caer su cuerpo en la tierra. Dejó que el sol, que parecía algo tan agradable en un principio, quemara su piel y sus ojos. Dejó que la nada la abrigara. Dejó que el vació de sonido la deleitara. Con los ojos fijos en el cielo. Sin pestañear. Sin moverse. Sin pensar.
Era cómico observarla. Pobre ingenua. Alguien debería haberle advertido que no hay caminos cortos y fáciles.

jueves, 5 de mayo de 2011

je ne sais pas

Lo cuidó, lo protegió, se ganó su confianza. Le hizo saber lo mucho que era para ella, aún cuando él no podía llegar a entenderlo. Se aseguró de que él nunca se olvidara de la existencia de ella, por más difícil que fuera (y por más inútil que fuera).
Un trabajo de día y noche, pero que, aparentemente, valdría la pena al final.
Se cuidó y se protegió de caer en los encantos de otros. Se obligó a sí misma a pensar sólo en él, constantemente. Y así se convenció de que él era el único para ella. Y lo era, aparentemente.
Sólo necesitaba poder soltarlo, poder privarlo (al menos por un rato) de su atención, y ver los resultados.
Según sus cálculos, él tendría que volver, no podía serle indiferente a ella, que le prometió tanto cariño.
Muy a su pesar, y después de mucho meditarlo, lo soltó. Él se alejó y miró hacia atrás con ojos melancólicos.
Ella cerró los ojos y se sentó a esperar su regreso. Volvería, tenía que hacerlo.
¿O no?

miércoles, 20 de abril de 2011

take me out

Podés ver la puerta entrecerrándose. Hay una luz del otro lado que te atrae tanto como un bar a un alcohólico.
Se cierra lentamente. Sabés que estás perdiendo tu oportunidad de llegar a esa tan codiciada luz y, a pesar de no saber lo que es vivir del otro lado, deseás más que nada poder pasar un segundo antes de que se cierre por completo, como en esas estúpidas películas de acción llenas de clichés cinematográficos.
Pero sos realista. Cada segundo que pasa te convence más y más de que nunca vas a llegar. Y sin ninguna explicación coherente, tampoco te movés. Sólo sos un expectador pasivo de tu propio fin.
En un punto reaccionás y avanzás unos pasos hacia la puerta. De lejos echás una ojeada a la luz.
Podés ver que es considerablemente mejor y más atractiva de lo que creías, pero de repente lo que estabas contemplando con tanto interés desaparece.
Y ahí entendés todo. La puerta se cerró por completo. No hay forma de penetrar el otro lado ya. Con desesperación intentás abrirla con tus propias manos. No tenés la fuerza suficiente.
Rendido, te sentás en la oscuridad a esperar que se abra de nuevo (cuánta ingenuidad).

lunes, 4 de abril de 2011

I may be paranoid, but not an android

El águila protegía a sus pequeñas crías. Las sobreprotegía, mejor dicho. Prácticamente no las dejaba vivir.
Las queridas luces de su vida eran dos: una muy mansa, que, a pesar de no acordar con las decisiones de su madre, obedecía sin protestar; y otra muy segura de sí misma, cegada por la visión de su progenitora. Ya fuera por decisión propia, o por costumbre, acordaba siempre con ella.

Tanta sobreprotección llevó al águila a pensar sólo en su familia. No dejaba a sus crías congeniar con otros seres. Y si estas osaban desobedecerla, eran duramente castigadas.
No estaba bien relacionarse con otros. No con lo más débiles. No con los diferentes.

El águila solía prejuzgar bastante, también. Su cría más débil lo notaba, y trataba de no seguir su ejemplo.
Pero su fiel seguidora la imitaba, y la acompañaba en sus habituales charlas sobre lo inferiores que eran los demás.

La ardilla observaba estas actitudes desde su árbol. No entendía cómo habían llegado a ser así las crías del águila. "Solíamos ser amigos" pensaba con nostalgia "ahora sólo se ríen de mí".
Era todo culpa de la madre, o eso creía. Les había lavado la cabeza. ¿O no? Sólo le siguen la corriente. Sus amigos no le harían eso. Y no cualquier amigo, a pesar de no haber hablado últimamente, habían sido sus mejores amigos esos dos aguiluchos.

Volvió a escuchar risas, y vio cómo la miraban. No era su culpa ser más débil. No era su culpa ser diferente.
No pedía su amistad de nuevo. Pedía al menos su respeto; lo tenía bien merecido.

sábado, 26 de marzo de 2011

you don´t remember (why don´t you remember my name?)

¿No es un poco cruel? digo, eso de llenarme de esperanzas y después ignorarme por completo.
No es que me importe, la verdad. No te conozco, no me conocés. Simplemente la falta de atención duele.
No te necesito, claramente no me necesitás. Creo que imaginé en vos una persona increíble, cuando eras alguien mediocre.
Duele. Duele porque no te molestaste en decirme que no me necesitabas. Simplemente lo tuve que asumir.
No te necesito a vos. Necesito a alguien. Necesito.

martes, 8 de marzo de 2011

Detalles sobre una vida (de principio a fin)

Ella no nació así. Al menos es lo que creía.
"Nadie nace así", se decía "nadie nace tan defectuoso".
Tampoco creía que haya sido una elección. Simplemente el ambiente en el que le tocó vivir la hizo así.

No recordaba mucho de su infancia. Pero sí recordaba vagas imágenes de lo que sufría en su casa, y en su colegio.
Compañeros que la miraban mal por no ser una engreída más vestida a la última moda. Padres que la regañaban desde muy pequeña, sin pensar en que eso le cambiaría la personalidad para toda su vida.
No, ella no nació así de tímida, así de insegura, así de depresiva. Nada de eso es algo con lo que se nace. Son cosas que se hacen.

Entonces fue así como creció para ser una chica timidísima durante toda la primaria. Por supuesto que no tenía muchos amigos. De hecho, no se animaba a hablar con los hombres de su colegio.
Y claro que todos la juzgaban por su actitud, y terminó en el lugar de "la nena que no habla".

A finales de la primaria decidió vestirse como todas las nenas consentidas que la rodeaban, y adoptar algunas de sus actitudes. Creía que conseguiría un poco más de aceptación. ¡Claro que no! Ya la habían encasillado, no había vuelta atrás.

Así empezó la secundaria. Comenzó a relacionarse con un poco más de gente, pero aún estaba en ese odioso puesto de tímida antisocial.
Ustedes, lectores exigentes, pensarán: "¿qué le importaba lo que pensaran los demás? ¡ella tenía que ser quien quería ser!".
Bueno, les comento que cuando dije que la chica era insegura, hablaba de alguien REALMENTE insegura. ¡Claro que le importaba la opinión de los demás! Nunca nadie le había dicho "qué buena persona que sos" o "gracias por ser así", entonces buscaba continuamente la aceptación de los otros.
Tampoco estaba sola, no piensen mal. Tenía muy buenas amigas, que la querían muchísimo, pero no se sentía parte del grupo, por decirlo de alguna forma.

Al cuarto año de secundaria eligió la especialidad de producción musical.
Después de un par de meses se sentía bastante conforme con el grupo que le había tocado. Se sentía muchísimo más aceptada. Sentía que por fin había encontrado gente parecida a ella, y que no juzgaba por apariencias (se había equivocado, claramente).
Se había abierto mucho más, había dejado de lado casi completamente la timidez. Y descubrió algo que no sabía que podía hacer: estar con chicos.
Nunca antes le había pasado, no entendía mucho de eso, pero cuando se enteró de que había gente interesada en ella se emocionó con la actividad y comenzó a besar al primero que quería besarla. ¿Por qué? Porque encontraba en eso algo que no había encontrado en ninguna otra actividad: una suba de la bajísima autoestima que tenía.
Resulta que eso le trajo muchos problemas. Perdió un par de amistades, y encontró el odio en gente que apenas conocía.
Intentó infinitas veces arreglar el error que había cometido, hablando con la gente que la detestaba. Pero lo que no entendía es que primero debía haber un cambio de su lado.

Paralelamente conoció un chico que le gustaba mucho. Como nunca le había gustado nadie antes. Realmente le gustaba, y no pensaba cambiarlo por nadie nunca.
Encontró una felicidad inmensa estando con él, y creyó ingenuamente que él la quería de la misma forma.
No fue de estúpida creer eso, él le decía y le repetía que nunca la dejaría, y que la quería muchísimo.
Hasta que un día el chico se cansó de la chica, y sin importarle en lo más mínimo sus sentimientos, cortó la relación. Sin perdones, sin explicaciones. Hasta llegó a reírse de lo mal que estaba la chica después de la ruptura.
Y como si esto fuera poco para ella, él le decía que la extrañaba. Otra mentira más, como si no hubiera hecho suficiente daño en la pobre insegura persona.
Lo superó después de un mes, aunque nunca dejó de pensar en él, porque era el único chico que le había gustado en serio, y el único que nunca le dejó de gustar.

Mientras tanto, en su círculo social seguían creyendo que era una pequeña promiscua sin sentimientos. ¿Es que no veían que había entendido realmente lo que significa estar con alguien? La chica había decidido no cometer nunca más el mismo error, no quería herir a nadie más.

Y a partir de entonces lo único que sacó de las cortas relaciones que tuvo fue dolor. Tristeza. Abandono.
Nadie quería estar con ella por quien era, sólo la querían para llenar un vacío en su vida sexual.
Y es entendible, la verdad. ¿Quién querría estar con alguien que necesita un afecto constante? Alguien que necesita que le recuerden todos los días lo mucho que la quieren, y que no es una molestia.
Nadie, por supuesto. Una carga así no la soporta cualquiera.

Y en su colegio seguían reprochándole sus errores. Nadie se molestaba en conocerla bien antes de juzgarla. Nadie se molestaba en entender por qué era como era.

Ella no nació así, no.

viernes, 18 de febrero de 2011

good/no-good

voy a mirar a la nada. voy a hacerme preguntas sin sentido. voy a escribir clichés y más clichés. voy a llorar sin razón. voy a escuchar música sin hacer nada más. voy a soñar hasta el atardecer. voy a pensar hasta el amanecer. voy a alegrarme sin razón. voy a ser indiferente. voy a volverme loca. voy a ser la persona más calma que conozcas. voy a entristecerme por cosas insignificantes. voy a hacer cosas que no quiero hacer. voy a pasar el día en pijama, despeinada y sin maquillar (tal vez más de un día. tal vez varios. tal vez toda la semana). voy a magnificar mis problemas. voy a sufrir (y voy a disfrutarlo). voy a reir. voy a dejar de esforzarme tanto. voy a despreocuparme. voy a estar sola por horas y horas. voy a ahogarme en ese mar de penas y preocupaciones que tanto frecuento (y tanto me gusta).
y así es como voy a disfrutar de la libertad que resta.