Lo cuidó, lo protegió, se ganó su confianza. Le hizo saber lo mucho que era para ella, aún cuando él no podía llegar a entenderlo. Se aseguró de que él nunca se olvidara de la existencia de ella, por más difícil que fuera (y por más inútil que fuera).
Un trabajo de día y noche, pero que, aparentemente, valdría la pena al final.
Se cuidó y se protegió de caer en los encantos de otros. Se obligó a sí misma a pensar sólo en él, constantemente. Y así se convenció de que él era el único para ella. Y lo era, aparentemente.
Sólo necesitaba poder soltarlo, poder privarlo (al menos por un rato) de su atención, y ver los resultados.
Según sus cálculos, él tendría que volver, no podía serle indiferente a ella, que le prometió tanto cariño.
Muy a su pesar, y después de mucho meditarlo, lo soltó. Él se alejó y miró hacia atrás con ojos melancólicos.
Ella cerró los ojos y se sentó a esperar su regreso. Volvería, tenía que hacerlo.
¿O no?
:)
ResponderEliminareeeeeeeeeeeeeeeeeeee te vas a morir, puta.
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