¿No es un poco cruel? digo, eso de llenarme de esperanzas y después ignorarme por completo.
No es que me importe, la verdad. No te conozco, no me conocés. Simplemente la falta de atención duele.
No te necesito, claramente no me necesitás. Creo que imaginé en vos una persona increíble, cuando eras alguien mediocre.
Duele. Duele porque no te molestaste en decirme que no me necesitabas. Simplemente lo tuve que asumir.
No te necesito a vos. Necesito a alguien. Necesito.
sábado, 26 de marzo de 2011
martes, 8 de marzo de 2011
Detalles sobre una vida (de principio a fin)
Ella no nació así. Al menos es lo que creía.
"Nadie nace así", se decía "nadie nace tan defectuoso".
Tampoco creía que haya sido una elección. Simplemente el ambiente en el que le tocó vivir la hizo así.
No recordaba mucho de su infancia. Pero sí recordaba vagas imágenes de lo que sufría en su casa, y en su colegio.
Compañeros que la miraban mal por no ser una engreída más vestida a la última moda. Padres que la regañaban desde muy pequeña, sin pensar en que eso le cambiaría la personalidad para toda su vida.
No, ella no nació así de tímida, así de insegura, así de depresiva. Nada de eso es algo con lo que se nace. Son cosas que se hacen.
Entonces fue así como creció para ser una chica timidísima durante toda la primaria. Por supuesto que no tenía muchos amigos. De hecho, no se animaba a hablar con los hombres de su colegio.
Y claro que todos la juzgaban por su actitud, y terminó en el lugar de "la nena que no habla".
A finales de la primaria decidió vestirse como todas las nenas consentidas que la rodeaban, y adoptar algunas de sus actitudes. Creía que conseguiría un poco más de aceptación. ¡Claro que no! Ya la habían encasillado, no había vuelta atrás.
Así empezó la secundaria. Comenzó a relacionarse con un poco más de gente, pero aún estaba en ese odioso puesto de tímida antisocial.
Ustedes, lectores exigentes, pensarán: "¿qué le importaba lo que pensaran los demás? ¡ella tenía que ser quien quería ser!".
Bueno, les comento que cuando dije que la chica era insegura, hablaba de alguien REALMENTE insegura. ¡Claro que le importaba la opinión de los demás! Nunca nadie le había dicho "qué buena persona que sos" o "gracias por ser así", entonces buscaba continuamente la aceptación de los otros.
Tampoco estaba sola, no piensen mal. Tenía muy buenas amigas, que la querían muchísimo, pero no se sentía parte del grupo, por decirlo de alguna forma.
Al cuarto año de secundaria eligió la especialidad de producción musical.
Después de un par de meses se sentía bastante conforme con el grupo que le había tocado. Se sentía muchísimo más aceptada. Sentía que por fin había encontrado gente parecida a ella, y que no juzgaba por apariencias (se había equivocado, claramente).
Se había abierto mucho más, había dejado de lado casi completamente la timidez. Y descubrió algo que no sabía que podía hacer: estar con chicos.
Nunca antes le había pasado, no entendía mucho de eso, pero cuando se enteró de que había gente interesada en ella se emocionó con la actividad y comenzó a besar al primero que quería besarla. ¿Por qué? Porque encontraba en eso algo que no había encontrado en ninguna otra actividad: una suba de la bajísima autoestima que tenía.
Resulta que eso le trajo muchos problemas. Perdió un par de amistades, y encontró el odio en gente que apenas conocía.
Intentó infinitas veces arreglar el error que había cometido, hablando con la gente que la detestaba. Pero lo que no entendía es que primero debía haber un cambio de su lado.
Paralelamente conoció un chico que le gustaba mucho. Como nunca le había gustado nadie antes. Realmente le gustaba, y no pensaba cambiarlo por nadie nunca.
Encontró una felicidad inmensa estando con él, y creyó ingenuamente que él la quería de la misma forma.
No fue de estúpida creer eso, él le decía y le repetía que nunca la dejaría, y que la quería muchísimo.
Hasta que un día el chico se cansó de la chica, y sin importarle en lo más mínimo sus sentimientos, cortó la relación. Sin perdones, sin explicaciones. Hasta llegó a reírse de lo mal que estaba la chica después de la ruptura.
Y como si esto fuera poco para ella, él le decía que la extrañaba. Otra mentira más, como si no hubiera hecho suficiente daño en la pobre insegura persona.
Lo superó después de un mes, aunque nunca dejó de pensar en él, porque era el único chico que le había gustado en serio, y el único que nunca le dejó de gustar.
Mientras tanto, en su círculo social seguían creyendo que era una pequeña promiscua sin sentimientos. ¿Es que no veían que había entendido realmente lo que significa estar con alguien? La chica había decidido no cometer nunca más el mismo error, no quería herir a nadie más.
Y a partir de entonces lo único que sacó de las cortas relaciones que tuvo fue dolor. Tristeza. Abandono.
Nadie quería estar con ella por quien era, sólo la querían para llenar un vacío en su vida sexual.
Y es entendible, la verdad. ¿Quién querría estar con alguien que necesita un afecto constante? Alguien que necesita que le recuerden todos los días lo mucho que la quieren, y que no es una molestia.
Nadie, por supuesto. Una carga así no la soporta cualquiera.
Y en su colegio seguían reprochándole sus errores. Nadie se molestaba en conocerla bien antes de juzgarla. Nadie se molestaba en entender por qué era como era.
Ella no nació así, no.
"Nadie nace así", se decía "nadie nace tan defectuoso".
Tampoco creía que haya sido una elección. Simplemente el ambiente en el que le tocó vivir la hizo así.
No recordaba mucho de su infancia. Pero sí recordaba vagas imágenes de lo que sufría en su casa, y en su colegio.
Compañeros que la miraban mal por no ser una engreída más vestida a la última moda. Padres que la regañaban desde muy pequeña, sin pensar en que eso le cambiaría la personalidad para toda su vida.
No, ella no nació así de tímida, así de insegura, así de depresiva. Nada de eso es algo con lo que se nace. Son cosas que se hacen.
Entonces fue así como creció para ser una chica timidísima durante toda la primaria. Por supuesto que no tenía muchos amigos. De hecho, no se animaba a hablar con los hombres de su colegio.
Y claro que todos la juzgaban por su actitud, y terminó en el lugar de "la nena que no habla".
A finales de la primaria decidió vestirse como todas las nenas consentidas que la rodeaban, y adoptar algunas de sus actitudes. Creía que conseguiría un poco más de aceptación. ¡Claro que no! Ya la habían encasillado, no había vuelta atrás.
Así empezó la secundaria. Comenzó a relacionarse con un poco más de gente, pero aún estaba en ese odioso puesto de tímida antisocial.
Ustedes, lectores exigentes, pensarán: "¿qué le importaba lo que pensaran los demás? ¡ella tenía que ser quien quería ser!".
Bueno, les comento que cuando dije que la chica era insegura, hablaba de alguien REALMENTE insegura. ¡Claro que le importaba la opinión de los demás! Nunca nadie le había dicho "qué buena persona que sos" o "gracias por ser así", entonces buscaba continuamente la aceptación de los otros.
Tampoco estaba sola, no piensen mal. Tenía muy buenas amigas, que la querían muchísimo, pero no se sentía parte del grupo, por decirlo de alguna forma.
Al cuarto año de secundaria eligió la especialidad de producción musical.
Después de un par de meses se sentía bastante conforme con el grupo que le había tocado. Se sentía muchísimo más aceptada. Sentía que por fin había encontrado gente parecida a ella, y que no juzgaba por apariencias (se había equivocado, claramente).
Se había abierto mucho más, había dejado de lado casi completamente la timidez. Y descubrió algo que no sabía que podía hacer: estar con chicos.
Nunca antes le había pasado, no entendía mucho de eso, pero cuando se enteró de que había gente interesada en ella se emocionó con la actividad y comenzó a besar al primero que quería besarla. ¿Por qué? Porque encontraba en eso algo que no había encontrado en ninguna otra actividad: una suba de la bajísima autoestima que tenía.
Resulta que eso le trajo muchos problemas. Perdió un par de amistades, y encontró el odio en gente que apenas conocía.
Intentó infinitas veces arreglar el error que había cometido, hablando con la gente que la detestaba. Pero lo que no entendía es que primero debía haber un cambio de su lado.
Paralelamente conoció un chico que le gustaba mucho. Como nunca le había gustado nadie antes. Realmente le gustaba, y no pensaba cambiarlo por nadie nunca.
Encontró una felicidad inmensa estando con él, y creyó ingenuamente que él la quería de la misma forma.
No fue de estúpida creer eso, él le decía y le repetía que nunca la dejaría, y que la quería muchísimo.
Hasta que un día el chico se cansó de la chica, y sin importarle en lo más mínimo sus sentimientos, cortó la relación. Sin perdones, sin explicaciones. Hasta llegó a reírse de lo mal que estaba la chica después de la ruptura.
Y como si esto fuera poco para ella, él le decía que la extrañaba. Otra mentira más, como si no hubiera hecho suficiente daño en la pobre insegura persona.
Lo superó después de un mes, aunque nunca dejó de pensar en él, porque era el único chico que le había gustado en serio, y el único que nunca le dejó de gustar.
Mientras tanto, en su círculo social seguían creyendo que era una pequeña promiscua sin sentimientos. ¿Es que no veían que había entendido realmente lo que significa estar con alguien? La chica había decidido no cometer nunca más el mismo error, no quería herir a nadie más.
Y a partir de entonces lo único que sacó de las cortas relaciones que tuvo fue dolor. Tristeza. Abandono.
Nadie quería estar con ella por quien era, sólo la querían para llenar un vacío en su vida sexual.
Y es entendible, la verdad. ¿Quién querría estar con alguien que necesita un afecto constante? Alguien que necesita que le recuerden todos los días lo mucho que la quieren, y que no es una molestia.
Nadie, por supuesto. Una carga así no la soporta cualquiera.
Y en su colegio seguían reprochándole sus errores. Nadie se molestaba en conocerla bien antes de juzgarla. Nadie se molestaba en entender por qué era como era.
Ella no nació así, no.
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